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miércoles, 23 de noviembre de 2011

435 - Disgrafía y su influencia en el fracaso escolar

UN MAL SILENCIOSO PRESENTE


En el marco del fracaso escolar diversos hechos y situaciones se entretejen a raíz de diversos factores que conllevan a un punto donde la solución es, en ocasiones una quimera para docentes y la escuelas que no encuentra respuestas ya sea en el plano político y social correspondientes como así también en los canales abiertos a tal fin.

Una de las situaciones motor de un fracaso escolar es la Disgrafía.

Sabemos que la Disgrafía es un problema de trastorno de escritura que influye negativamente en el proceso escolar ya que el alumno/a presenta un nivel de escritura significativamente inferior a lo esperado y se manifiesta con los siguientes problemas: inversión de sílabas, omisión de letras, escritura continuada o con separaciones incorrectas, escribir letras en el espejo. Este problema va relacionado con la lectura y por lo general también el alumno/a presenta dislexia es decir, nivel de lectura muy inferior a lo esperado y trastornos al respecto.
 He aquí un relato ficticio de una situación común a este problema:

Al entrar al aula me encontré con un grupo de chicos muy respetuosos que me saludaron y se predispusieron a trabajar. Era el primer día y el curso, séptimo año. Expliqué sobre los pasos a seguir, métodos evaluativos y dentro de un marco más distendido comenzaron ellos a opinar. Obviamente los más extrovertidos daban la cuota comunicativa y en ese contexto limitado por el respeto agregaban bocadillos humorísticos para matizar el contacto. En mi observación, noté que una chica permanecía muy callada en el fondo, buscando esconderse para no participar. Con el correr del tiempo, comencé a notar que esta alumna no se integraba, le costaba muchísimo comunicarse. Llegó el día de una evaluación diagnóstico así que, propuse a la clase sacar una hoja de carpeta.
Por la noche comencé a corregir los escritos. No notaba nada raro, amén de errores frecuentes en el dictado ortográfico e incoherencias comunes en algunas definiciones y análisis, producto de las vacaciones o del desgano por parte de los educandos. Al llegar a la mitad de los trabajos me encontré con uno que presentaba serias falencias ortográficas. Lo aparté para terminar el resto y luego volví a ese diagnóstico.
Los errores de omisión de sílabas eran comunes. Un ejemplo de la siguiente oración: “El hombre vaga en el prado”; El emre aga en el prad.
Las letras presentaban síntomas de deformidad a tal punto que no se entendía el texto e incluso no respetaba el renglón. En definitiva, los grafemas no se identificaban provocando confusión y ambigüedad. Honestamente, no estaba al tanto de este trastorno así que primero debía averiguar quién era (ya que no los ubicaba aún por sus datos) y luego consultar con alguien sobre este incidente. Al devolver los escritos supe que era de esta alumna callada y retraída.
En el marco de una lectura grupal, la invité a leer un texto y presentó cierto grado de dificultad sin embargo, no presentaba graves trastornos. Aún así, algunos compañeros murmuraban y sonreían, obligándome a cambiar de estrategia pedagógica.
Al salir los alumnos de clase, la llamé. Su personalidad muy carismática y por momentos, aplastaba ese grado de timidez. Así que de manera subjetiva y sugerente la induje a escribir un pequeño texto que me lo entregó en el acto.
Se fue del curso y quedé meditando al respecto. Presentaba anomalías similares al anterior. En primera instancia pensé que no debía estar en séptimo ya que era casi imposible que un alumno en ese nivel, redacte de esa manera. Luego reflexioné y llegué a la conclusión de que debía averiguar  más a fondo.
Luego de unos días, y ya seguro que ella tenía un tipo de problema, fui a ver al preceptor para conocer su legajo. Entre sus datos, me enteré que venía de una escuela muy humilde de frontera, sus padres vinieron por razones laborales a la ciudad Había aprobado todas las materias, según constaba en la certificación del pase.
Si bien conocía que existían estos tipos de dificultad nunca los sufrí de manera personal así que mi primer paso fue investigar sobre este presunto problema.
Fui a ver una Psicopedagoga amiga y le mostré los ejemplos. Me informó sobre este tipo de trastornos y tenía que hacerla ver por un profesional para ayudarla. Investigué en libros y dialogué con personas capacitadas en la materia que me pusieron al tanto.
Luego, transmití mi inquietud a la directora de la escuela pero ella ya estaba enterada del asunto, otros colegas ya habían comentado sobre esta irregularidad.
En clases noté que ella comenzaba a faltar los días que tenía conmigo así que cotejé su asistencia y era irregular. Eso me alertó por tanto debía actuar.
A la tarde fui hasta su casa acaso temerosa por encontrarme con alguna situación incómoda. Un barrio humilde. Me bajé del auto golpeé las manos y salió una señora que a mi criterio tenía mi misma edad. Me presenté y me hizo pasar.
Al principio la comunicación carecía de realimentación. La monotonía de mi discurso encontraba en los ojos abiertos de esa mujer sorpresa y hasta aburrimiento. Pero poco a poco comenzó a participar en el diálogo hasta que apareció mi alumna con un equipo de mate, saludando tímidamente.
El contorno familiar era simple, humilde y acogedor. La cabeza de la familia era el padre que antes era peón de chacra y ahora tuvo que emigrar a Posadas en busca de mejor condición laboral. Tenían unos ahorros que les permitió comprar la propiedad en el mencionado barrio. Lugar peligroso según comentarios extraoficiales. Ella por su parte, no trabajaba y atendía a su hijo de un añito y presentaba cierto grado de ingravidez de tres semanas aproximadas de gestación. No recibían ningún plan o beneficio del gobierno quizás por la ignorancia o por alguna razón que desconozco. Como hacía poco que se habían mudado no tenían amigos, salvo un primo quien consiguió trabajo al hombre en una obra de construcción y ofició de contacto para que pudieran conseguir el lugar donde vivir. Mi alumna por su parte no tenía amigas en el barrio. Su única compañera era la del banco en la escuela.
Durante el diálogo la madre me contó que el problema de escritura y expresión lo tuvo desde chiquita. Por mi parte, noté que cuando jugaba con su hermanito, utilizaba siempre la mano izquierda y esa fue mi duda ya que cuando escribía lo hacía con la derecha. Su madre me contó que cuando aprendió a escribir su abuelo le inculcó a utilizar la derecha. Dado que ella ayudaba a su marido en las labores del campo, el cuidado de la nena caía en los abuelos paternos quienes tenían un carácter fuerte y autoritario, según versión de la señora.
En las etapas educativas anteriores, me contaba pausadamente, las maestras rurales hacían hincapié en otras problemáticas más urgentes; poco asistía a la escuela debido a la lejanía y traslado. Además, la escuelita a veces no dictaba clase por diversos factores como el climático, económico y dificultades de traslado. Así fue arrastrando esta dificultad sin ser detectado.
Ante la insistente pregunta de su ausencia la madre argumentó que prefería que se quedara ayudándole en la casa ya que en la escuela era objeto de burla por parte de sus compañeros quienes prejuzgaban su condición por no saber escribir bien.
-“Y si no sirve pa'´estudiar que se quede nomá en casa a ayudá”- enfatizó con una pizca de enojo.
En la escuela volví a ver a la directora a quien informé sobre lo sucedido. Inmediatamente nos reunimos con el gabinete psicopedagógico para tratar el tema.

Como hemos notado, hay varios ingredientes que se planteó en la historia; situaciones y hechos complejos que entretejen un futuro magro a esta adolescente que necesita una ayuda inmediata para revertir el presente. 

Por un lado se observa cierta pasividad (en la que me incluyo) por parte del establecimiento educativo ya que, no se le dio la importancia merecida inmediatamente e inclusive la misma autoridad al estar informada, no actuó en consecuencia, teniendo en el local un gabinete como así también los medios y nexos a tal fin. E incluso los docentes que simplemente informaron al directivo, deslindando responsabilidades que en parte y por ser alumna debían por lo menos, presentar propuestas para atender al educando en cuestión y su entorno. Si bien me informé al respecto, mi autocrítica es que, primero debí estar preparada de antemano ante casos como este y luego buscar una acción viable con mayor rapidez. 

Por otro lado, el contexto educativo rural es muy necesario pero sufre una realidad muy dura y por ello presenta muchas falencias que se deben mejorar desde las autoridades pertinentes hasta los responsables directos. Es decir, los abnegados docentes que deben viajar kilómetros y kilómetros en las sierras misionera, aún hoy pleno siglo XXI y con todos los adelantos tecnológicos sufren en primer lugar, la falta de transporte. Luego, las condiciones incómodas de las instalaciones edilicias y los escasos recursos para adquirir material de trabajo sumado a que, muchos priorizan el comedor comunitario. Es decir, en un marco donde la problemática educativa se canaliza a través de diversas situaciones, el fracaso escolar es común y, los problemas que puede sufrir un alumno, como ser Dislexia, Disfasias (niños que hablan entrecortado o mochado), Apraxia (trastorno de los movimientos voluntarios), Disgrafía o Discalculia (trastorno específico del cálculo aritmético) pasan a un segundo plano ante otros más relevantes (según criterio de quienes tienen la noción de actuar y mejorar la calidad de vida de esos individuos).

Por otra parte, creo que es el tronco del problema, la familia. La falta de educación por parte de los padres y abuelos que arrastran consigo una preparación cultural diferente con metodologías distintas y arcaicas a la hora de enseñar y educar. Inexperiencia de la madre y el factor económico convergen negativamente en el aprendizaje, en una adolescente que se manifiesta introvertida, ahogada en la timidez.

La complejidad del problema presenta muchas aristas para tratar y en ese contexto las alternativas o propuestas superadoras deben ser rápidas como eficaces. El descubrir y darle importancia es una propuesta de partida. Es decir que, detectar la causa lo antes posible para que no se agrave aún más.

A partir de allí profesionales (psicólogo infantil) deben hacerse cargo de la situación ya que son ellos quienes deben manejar los acontecimientos. Desde el punto de vista de los docentes colaborar directamente con el profesional encargado del caso, acompañar a la alumna, concientizar y dialogar con los compañeros y promover clases especiales a fin de lograr que sean una ayuda importante para su compañera. Es decir el marco familiar dentro del aula será un apoyo importante. Inculcar a los padres al estudio, convencerlos que la preparación educativa es lo más conveniente y apropiado para la familia e informarlos con detalles sobre ese trastorno.

La Disgrafía es un síntoma que promueve el fracaso escolar. Entrar en tecnicismos propios de esta problemática sería tedioso para exponer. Lo que se debe rescatar es la importancia de darse cuenta sobre este problema que sufren muchos chicos y jóvenes, fomentar el tratamiento del mismo e incentivación; hacer bolitas de papel de china y cortar hojas ya que son algunos de los ejercicios que los ayudan a mejorar la coordinación de sus movimientos. En definitiva, descubrirla y tratarla para mejorar la calidad de vida y la continuidad de los educandos en el ámbito escolar.




Bibliografía
http://www.psicologoinfantil.com
http://www.espaciologopedico.com/recursos/glosariodet.php?Id=194
http://www.prensalibre.com/pl/2005/septiembre/06/122694.html

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