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martes, 30 de agosto de 2011

404 - Leyendas de Misiones: El yasí Yateré

DUENDE EN LA SIESTA MISIONERA
Uno de los duendes más populares de las leyendas misioneras es el Yasí Yateré. Es un ser que proviene de las profundidades de la mitología guaraní y a medida en que pasa el tiempo, su figura paulatinamente se distorsiona en el recuerdo. Sin embargo esa presencia, enana, de cabellera de oro con un bastón mágico similar, con cara de niño irresistible, aun persiste en el acervo cultural de la provincia. Su presencia a la hora de la siesta es avisado por su silbido suave y perceptible que segun dicen, busca niños para llevárselos al monte como trofeo y de donde jamás volverán.

Juan Bautista Ambrosetti "En Supersticiones y Leyendas" nos relata lo siguiente:
Hallándome en un galpón de yerbateros, situado cerca del arroyo Itaquirí, en el interior de la jurisdicción de los yerbales de Tacurú Pucú, de mañana, al levantarme, supe que las mujeres de aquel lugar no habían podido dormir la noche anterior, pues habían oído silbar al Yasy-Yateré.

No conozco el pájaro que, con su canto, remeda estas palabras. A pesar de todos mis esfuerzos y averiguaciones no he podido dar ni siquiera con su descripción; unos dicen que es del tamaño de una paloma y de plumaje parecido al de las gallinas guineas; otros en cambio, me han asegurado que es pequeño y de color oscuro, etc., de modo que reina aún entre aquella gente una gran confusión respecto de él.

Acerca de este pájaro corre una leyenda muy dividida, no sólo en Paraguay, sino también en la Provincia de Corrientes; creo que también ésta es de origen guaranítico, pues no existe en otros puntos. Según cuentan, no es un pájaro el que silba de ese modo, sino un enano rubio, bonito, que anda por el mundo cubierto con un sombrero de paja, y llevando un bastón de oro en la mano.

Su oficio es el de robar los niños de pecho, que lleva al monte, los lame, juega con ellos, y luego los abandona allí, envueltos en isipós (enredaderas). Las madres, desesperadas, al notar su falta, salen a buscarlos, y, guiadas por sus gritos, generalmente los encuentran en el suelo, pero desde ese día, todos los años, en el aniversario del rapto del Yasy-Yateré, las criaturas sufren ataques epilépticos.

Según otros, el Yasy-Yateré roba a los niños, no para lamerlos sino para enseñarles su oficio de raptor, y no falta también quien asegura que no sólo roba a las criaturas sino también a las muchachas bonitas, las que son a su vez abandonadas, y el hijo que nace de esta unión, con el tiempo será Yasy-Yateré. Esta última versión creo que haya sido inventada para justificar ciertos raptos, que no dejan de abundar por aquellas regiones. Si algún mortal puede arrancarle al Yasy-Yateré su bastón de oro, adquiere por ese hecho sus cualidades de Tenorio afortunado.

A pesar de ser invisible el Yasy-Yateré, no faltan algunas personas que aseguran y juran haberlo visto en la forma descrita, cuando eran pequeñas. Había tratado de averiguar el origen de esa leyenda, sin resultados, cuando la casualidad vino en mi ayuda. Conversando me contaron que, hace pocos años, estando acampando en el interior del Tacurú Pucú un conocido yerbatero, una noche se levantaron sobresaltados por un ruido, notando inmediatamente la falta de una criatura de pecho que dormía en su cuna, mientras distinguieron el barullo de alguien que disparaba.

Corrieron a ese punto, y encontraron efectivamente la criatura en el suelo; al día siguente vieron en ese lugar rastros humanos y como andaban los guayaquís por allí, pronto se dieron cuenta de que había sido uno de esos indios el autor del secuestro. La costumbre de los indios de robar criaturas y mujeres es, hasta cierto punto, general en todas las tribus y razas, que han considerado siempre a ambos como el mejor botín de guerra.
Además he sabido que, no hace mucho, un cacique cainguá pidió, queriéndoselo llevar, a un muchacho en un rancho, para enseñarlo a ser cacique, dando sin querer con esto una prueba instintiva e inconsciente de selección de raza como elemento de superioridad. Estos hechos demuestran, hasta cierto punto, que la leyenda del Yasy-Yateré debe tener su origen en ellos ampliada y modificada, naturalmente, de un modo fantástico, por pueblos en que la naturaleza ayuda, en gran parte, a sobreexcitar sus cerebros ignorantes.

EL YASÍ YATERÉ
I
“Campeando” por los yerbales
tomando un buen tereré
me fui a cumplir una cita
con el YasíYateré.
II
Tibio duende montaraz
de una mística quimera,
dueño errante de los campos
y la selva misionera.
III
Tendido en un pajonal
y con el rostro marchito,
dele silbar y silbar,
me encontré con un viejito.
IV
Yo soy aquel que buscas,
me dijo, entre dos silbidos,
soy pájaro y soy señor,
toda la selva es mi nido.
V
Soy el dueño de la siesta,
soy el duende misionero,
hago del canto una fiesta,
cuido el monte con esmero.
VI
Quiero que duerman la siesta,
quiero que sean muy buenos,
los chicos de esta región,
amiguitos misioneros.
VII
Quiero que sepan cuidar
la tierra de que son dueños,
mientras yo, dele silbar,
he de velar por sus sueños.
VIII
Cuando de hablar terminó
se fue parando el viejito
y poco a poco tomó
la forma de un pajarito.
IX
Surcó volando los cielos
y la selva retumbaba,
su silbo se confundió
con torrentes y cascadas.
X
Todo niño misionero
que se aventura en el monte
siente de siesta un silbar
que a veces le causa miedo...
mas no se debe asustar,
debe seguir su sendero,
seguro lo ha de guiar
nuestro duende misionero

Luis Ángel Larraburu
En Mitos y Leyendas. Un viaje por la región guaraní

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