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jueves, 2 de junio de 2011

351 - Un viaje con la obra El Principito (de Saint- Exupèry)

EL PRINCIPITO UNA HISTORIA QUE PERDURA 


BIOGRAFÍA DEL AUTOR
Antoine de Saint- Exupèry, fue un aviador francés nacido en Lyon en 1900. Después de realizar estudios en la Universidad de Friburgo, en 1921 entró a desempeñarse en las Fuerzas Aéreas Francesas y en 1926 pasó a ser piloto comercial. A la par, se dedicó a la literatura: en 1929 publicó "Correo del Sur" y dos años después, "Vuelo Nocturno" (1931), donde describía su profesión de arriesgar incluso la vida en el cumplimiento de la tarea encomendada, con una visión romántica.

En 1939 dio a conocer "Tierra de Hombres", y en 1942, "Piloto de Guerra" (en forma de diario). Pero su mayor logro literario, que lo inmortalizó, y que ha sido mundialmente leído y apreciado, es "El Principito", un libro infantil para adultos, una fábula para lectores de todas las edades, una alegoría y una valoración de la vida y la poesía, una búsqueda de los valores del hombre y de los más puros sentimientos del alma, en pleno clima de Guerra Mundial. Logró superar récords de venta en el mundo y fue traducido a todos los idiomas, después de su primera edición en 1943, que se realizó en francés.

Enrolado en las Fuerzas Aliadas desde el comienzo del conflicto bélico, Saint-Exupèry, un año después de haber escrito esa joya que fue y es "El Principito" y que lo hizo perdurar a través del tiempo, en 1944, en un vuelo de reconocimiento por el sur de Francia, su avión fue derribado por fuerzas alemanas, lo que causó su desaparición definitiva. En 1948 se publicó póstumamente "Ciudadela", que reúne sus cuadernos de notas.


EL PRINCIPITO Y LA LITERATURA PARA NIÑOS
Según James E. Higgins (Higgins, 1996, p. 11) si hay una obra importante de ficción para niños que haya salido de la segunda guerra mundial es este pequeño libro de Saint-Exupéry. En la superficie está el entretenimiento, pero por debajo encontramos la resonancia de algo mucho más profundo que va mucho más allá. Es una obra educativa que proporciona a los lectores la posibilidad de leer a un nivel más allá del simple entretenimiento. Saint-Exupéry no escribe específicamente para los niños, pues él considera que ellos disponen de los conocimientos necesarios para apreciar su historia. El autor utiliza un lenguaje directo y sencillo. (Higgins, 1996, p.13) La importancia de esta obra, El Principito, en la literatura se puede medir por la forma como los lectores se dejan conducir en ese sueño medio despierto que es la imaginación.

La historia empieza con un tono realista (incluso autobiográfico) después adquiere una alegoría irónica que ridiculiza de forma sutil la cultura del siglo XX, tanto de los Europeos como de los Americanos para al final, instaurarse en la última mitad del libro, la tristeza y para algunos, la tragedia del destino sobresale. Siempre hubo alguna dificultad en clasificar esta historia en un género concreto, debido a sus características específicas. Cada una de ellas teniendo su valor: cuento de hadas, fábula, parábola, alegoría, sátira o cuento. También han sido hechas comparaciones con el trabajo de diversos autores «clásicos». Estas comparaciones todavía fueron hechas solamente con la mitad de la obra y no con la totalidad. La cualidad de cuento de hadas ha sido por ejemplo comparada con Andersen y Perrault. La cualidad satírica y alegórica hace recordar a algunos críticos de Lewis Carroll, otros de Swift, y otros de Rabelais. No podemos olvidar que cuando ha sido publicado El Principito, la literatura para niños no era tan importante como lo es hoy. Todavía, El Principito en su forma es único, y es esta cualidad la que dificultará su clasificación, si es un libro para niños o un libro para adultos. Tenemos diversas posturas: los que consideran que es un libro para niños, que son todos aquellos que minimizarán la edad de los lectores y los otros que consideran que es un libro para adultos.

Solamente para ejemplificar transcribiremos algunas citas elegidas por James E. Higgins, (Higgins, 1996, pp. 16, 17). Hay una cita de John Chamberlain, en el New York Times, en la que lo considera ser un libro para adultos:
«Anyway, The Little Prince will appeal to adults. And that is something.» 
Y por el contrario, P. L. Travers defiende que se trata de un libro para niños:
«It is true in the most inward sense, it offers no explanation and it has a moral.» 
André Maurois (Higgins, 1996, p. ) hace una comparación entre Alicia y El Principito, y afirma que Alicia es al mismo tiempo una historia para niñas y una sátira al mundo victoriano mientras que El Principito, en su melancolía poética contiene toda una filosofía. En nuestra opinión, esta comparación es demasiado simplista pues Alicia difícilmente será una historia para niñas, como probaremos, y, aunque tenga un fuerte componente de sátira a la sociedad de la época, tampoco se puede reducir a ese aspecto, conteniendo todo un fondo de interés en términos de filosofía, lingüística, matemática, lógica, política, etc. Citamos a Nina Demurova:
"Carroll’s fairy tales realize in most original and unexpected forms both literary and scientific types of perception. And this is why philosophers, logicians, mathematicians, physicists, psychologists, folklorists, politicians, as well as literary critics… all find material for thought and interpretation in the Alices."
En El Principito tenemos un dialogo con la infancia. La historia empieza por una vocecita, que no se sabe de dónde viene y que pide al piloto que le dibuje un cordero. Todo lo que ese personaje narra y pregunta a partir de entonces va a ser aceptado por el lector como normal, por inverosímil que parezca. La distinción entre fantasía y realidad no es muy clara, todo se mezcla. La trama es de fácil memorización e interesante para los niños, muchas veces el narrador envuelve al lector, como por ejemplo en la última página de El Principito.

«Pour vous qui aimez aussi le petit prince, comme pour moi, rien de l’univers n’est semblable si quelque part, on ne sait où, un mouton que nous ne connaissons pas a, oui ou non, mangé une rose…» (El Principito, p.97).

Las ilustraciones están presentes en toda la obra. El libro comienza y termina con ilustraciones que ayudan a los lectores, sean niños o adultos a comprender mejor el mensaje. Las ilustraciones tienen esta doble función de ilustrar y de activar la imaginación de cada uno. El aspecto didáctico y moralizador está indudablemente presente en toda la obra, constituyendo una de sus características más evidentes. Verificamos que muchas de las cualidades aquí mencionadas se refieren, en efecto, a la literatura para niños pero no es tan lineal y simplista como eso. Esta obra tiene dos niveles completamente distintos de lectura; el primer nivel de lectura se sitúa en la superficie y un segundo nivel de lectura, más profundo, es dónde encontramos las enseñanzas que Saint-Exupéry se ha propuesto transmitir, para que la Humanidad pueda caminar hacia un mundo más justo y humano. Esta última lectura será evidentemente hecha por los adultos, pues obliga a una interpretación más profunda del texto, que va mucho más allá. La dificultad de esta obra está en la realidad, en clasificarla en un género o en otro, pues contiene cualidades de un sistema literario y de otro. Zohar Shavit utiliza el término “texto ambivalente” para definir textos que, como El Principito, más que tener simplemente dos niveles de lectura, funcionan en dos sistemas literarios distintos, en este caso, la literatura para niños y la literatura en general.


EL PRINCIPITO
Un canto humanista que Saint Exupéry dejó un personaje, una historia que se quedó para siempre en el corazón y la memoria de su público lector. Ése es uno de los legados que dejó Antoine de Saint Exupéry a los niños y adultos de diversas generaciones: la obra literaria titulada con el nombre de El Principito, que en el año de 1943 apareció.

Varias veces traducido y reeditado, este conmovedor relato ha pasado a ser una pieza de valor indudable para la literatura universal. Personas de diversas edades y niveles de compresión, con variados intereses e inquietudes han devorado cada una de sus páginas y aprovechado el mar de reflexiones, poesías y de magia que otorga sentido a su contenido.

UNA EXALTACIÓN DE LOS VALORES HUMANOS
De cabellos dorados y frente pálida, frágil, curioso e inteligente es el niño que da sentido a este cuento, "el principito". Lleno de innumerables preguntas a las que jamás renuncia y tierno y sensible ante las puestas del sol y una rosa, de la que siente dueño y responsable, este pequeño que viene de otro planeta, aparece en la Tierra y vive una cantidad de aventuras.

Así, en los espacios abiertos del desierto de Sahara va ganando sentido la historia. Saint Exupéry se apoya en la lejanía y la soledad de este entorno para construir una fantasía donde se encuentran los personajes principales: el infante y el piloto.

A partir de la fortuita amistad que surge entre los protagonistas, se desprende lo que algunos críticos han considerado una exaltación de los valores humanos básicos. Desfilan entonces una serie de motivos: el amor, la amistad, la disciplina, el conocimiento, la solidaridad, la esperanza, la comprensión, la belleza y la lealtad, entre otras.

Como un monumento a la realidad no son ocultadas las actitudes contrarias y reprobables, del tipo de la soledad egoísta, la falta de imaginación, la vanidad, la incomunicación, y el amargo deseo de poseer más y más cosas.

Entre algunos dibujos que el autor elabora de su narración, y valiosas descripciones sobre la personalidad de quienes comparten la escena, se va completando un todo en el que sobresalen figuras como la de la rosa, el astrónomo turco, el rey, el bebedor, el hombre de negocios y el geógrafo.

Ellos impregnan el relato con su presencia y su mensaje. Y estimulan análisis como el de David Bernal , quien afirma que "El Principito de Antoine de Saint-Exupery es uno de esos libros a los que se vuelve con nuevas hambres, cada cierto tiempo, para renovar promesas hechas al joven comprometido y vibrante que fuimos, cuando la absorbente maquinaria del mundo -la dinámica de trabajo-dinero-influencias-posesiones- nos ha vuelto tan áridos que no alcanzamos a saber si volveremos a estar vivos en otro momento".

Por su parte, Lluís Quintana Trias es capaz de decir que se puede calificar como un canto al humanismo heroico, la obra de quien fue aviador, piloto de línea y de guerra, ensayista y poeta.

EXIGENCIAS DE ESTE MÉTODO DE ANÁLISIS
El método lúdico-ambital de análisis se muestra fecundo e incluso seguro cuando se lo maneja con cierta firmeza. Ésta se consigue a lo largo de un proceso de formación humanística y filosófica que nos dote de la sensibilidad metodológica necesaria para adivinar, en cada momento, en qué nivel de la realidad se mueve el autor, qué esquemas mentales moviliza, qué sentido adquieren en tales esquemas los conceptos básicos y cómo se articulan éstos entre sí. Por ejemplo, La metamorfosis de Kafka está vertebrada por el esquema mental "sujeto-objeto". Samsa es tratado por sus familiares como un medio para solucionar los problemas, no como una persona que debe desarrollarse mediante la creación de ámbitos diversos. Este esquema es sustituido en El principito de Saint-Exupéry por el esquema "apelación-respuesta", uno de los pocos adecuados a la expresión de acontecimientos creadores. El principito apela al piloto, le invita a crear con él una relación de amistad, y el piloto acepta esa invitación activamente.

La actividad filosófica comienza, en rigor, cuando se intuye la articulación profunda de los conceptos. Tal intuición se alumbra a medida que se descubre la trama interna de los procesos creadores. La tarea del buen intérprete consiste en hacer la experiencia de los diversos procesos espirituales que sigue el hombre en su vida y captar la forma peculiar de lógica que orienta y articula soterradamente cada uno de ellos. Recuérdese la lógica del poder arbitrario que sume a Calígula en una forma de soledad asfixiante; la lógica de la ambición que enceguece a Macbeth; la lógica del relax mental que fusiona al protagonista de La náusea de Sartre con la realidad en torno y lo aleja del mundo de las significaciones; la lógica del encuentro que adentra a los protagonistas de El principito de Saint-Exupéry en una noche de pacientes purificaciones a fin de pasar de la actitud objetivista a la actitud lúdica.

Para captar con cierta precisión éstas y otras formas de lógica o articulación interna, se requiere un conocimiento bien articulado de la temática filosófica. No es posible, por ejemplo, percibir el sentido riguroso de las obras pertenecientes a la "literatura del absurdo" -que van contracorriente de la normativa estética común y sólo pueden ser comprendidas cabalmente a la luz de la intención soterrada que las anima- si no se acierta a precisar los diversos modos que hay de temporalidad y espacialidad, el nexo entre la falta de creatividad y el aburrimiento, la diferencia entre esperar y estar a la espera, la vinculación de amor y lenguaje auténtico...

Cuanto mejor se conozcan estos fenómenos humanos, más profundamente se calará en las obras literarias. De ahí la necesidad ineludible, por parte del intérprete, de leer cuidadosamente obras filosóficas que describan y analicen conceptos tales como amor y odio, lealtad y perfidia, agradecimiento y resentimiento, piedad y despego, entusiasmo y abatimiento, veracidad y falacia, palabra y silencio... Numerosos autores, tanto antiguos y modernos (Platón, Plotino, San Agustín, Santo Tomás, Pascal, Hegel, Fichte, Kierkegaard, J.H. Newman...) como contemporáneos (Romano Guardini, Jean Guitton, D. von Hildebrand, M. Scheler, Ch. Moeller, B. Haering, P. Laín Entralgo, Th. Haecker, Peter Wust, M. Nédoncelle, M. Buber, Henri J.M. Nouwen...) ofrecen en sus obras multitud de precisiones acerca de tales conceptos básicos20.

Al conocer de cerca el sentido profundo de los sentimientos y las actitudes que tejen la trama de la vida humana, es posible descubrir la articulación interna de los principales procesos espirituales que determinan la marcha de la vida humana. Entre ellos destacan los de vértigo y los de éxtasis. Es indispensable saber en pormenor de dónde arrancan, cómo se articulan internamente, a dónde conducen y qué consecuencias acarrean. La mayoría de las obras literarias encarnan alguno de estos procesos, en una u otra de sus modalidades.


En la obra Vértigo y éxtasis. Bases para una vida creativa21 analicé ampliamente estos dos procesos. En Cómo formarse en ética a través de la literatura22 y en Literatura y formación humana23 expuse su articulación interna. Baste aquí una somera síntesis de tal articulación.

El proceso de vértigo. En la vida podemos sentir dos formas de vértigo: una fisiológica y otra personal24. Si desde una gran altura miramos al vacío, éste parece arrastrarnos y sentimos vértigo. Tenemos que asirnos fuertemente para no ser catapultados al suelo. También en la vida espiritual podemos ver ante nosotros un vacío insondable y sentir vértigo. ¿Cómo surge ese vacío?

Si en la vida concedo primacía a la voluntad de dominar, poseer y disfrutar, tiendo a considerarme como el centro del universo y a rebajar cuanto me rodea a medio para mis fines. De ahí que, al tropezarme con alguien o algo que presenta cualidades que pueden ser para mí una fuente de gratificaciones, me siento fascinado y procuro dominarlo para ponerlo a mi servicio. Dejarme fascinar por lo que me halaga me rebaja y envilece como persona, porque fascinar implica arrastrar, seducir, succionar, empastar. Al empastarme o fusionarme con la realidad fascinante, pierdo libertad interior, la capacidad de mantenerme cerca a cierta distancia respecto a tal realidad.

Al ejercer ese dominio envilecedor por partida doble, siento una singular euforia o exaltación superficial, pues nada hay que conmueva tanto nuestro ánimo como poseer aquello que enardece nuestros instintos. Este enardecimiento es efímero como la llamarada de hojarasca y degenera bien pronto en una profunda decepción, al percatarnos de que dos realidades envilecidas no pueden encontrarse.

El encuentro es una forma de unión muy fecunda porque supone respeto -actitud opuesta al afán reductor-, oferta generosa de posibilidades, voluntad de colaborar al perfeccionamiento mutuo. A través del encuentro se desarrolla la persona humana y se enriquecen las realidades de su entorno.

Si, por afán egoísta de dominio, renuncio al encuentro, me veo vacío de algo que necesito para crecer como persona, y ello me produce tristeza. Ese vacío se acrecienta cuando adopto una vez y otra la misma actitud interesada, centrada en mi propia satisfacción. Al asomarme a ese inmenso vacío interior, experimento la forma de vértigo espiritual que llamamos angustia. La angustia es una sensación de desmoronamiento total. Ante un peligro concreto frente al cual podemos tomar medidas, sentimos miedo. Si el peligro nos acecha por todas partes, no sabemos a dónde acudir y nos vemos desvalidos. Nuestra situación es, entonces, angustiosa. En caso de que esta situación sea irreversible porque no somos capaces de cambiar de actitud, la angustia inspira enseguida un sentimiento de desesperación, la conciencia amarga de haberse uno cerrado todas las puertas hacia el pleno desarrollo de sí mismo. Ese sentimiento conduce a una extrema soledad, la ruptura total de todo vínculo auténtico con las realidades circundantes. Esa soledad de aislamiento supone la destrucción de la vida propiamente humana.

Sobrevolando este proceso, observamos que el vértigo comienza por la vana ilusión de conquistar la felicidad por la vía del egoísmo y acaba privándonos de toda vida personal auténtica. El que se entrega a cualquier tipo de vértigo puede tener la impresión de ganar una forma intensa de unión con la realidad fascinante, pero en realidad no se une a ella, se pierde en el halago que ella le produce.

El proceso de éxtasis es impulsado por una actitud básica de generosidad. Si soy generoso, respeto cuanto me rodea, es decir, lo estimo en lo que es y en lo que está llamado a ser. Si, por ejemplo, es una persona la que me atrae, no intento reducirla de rango y convertirla en objeto -o medio para mis fines-; la trato como un ámbito de realidad, una fuente de iniciativa, y colaboro con ella para que alcance su pleno desarrollo. Esa colaboración se da sobre todo en el encuentro. Al encontrarme, siento satisfacción y alegría por partida doble, ya que somos dos personas las que nos estamos realizando como tales. La alegría alcanza el grado de entusiasmo cuando me encuentro con una realidad muy valiosa y me veo elevado a lo mejor de mí mismo. Entusiasmo ("enthusiasmós") significaba en griego "inmersión en lo divino", en lo perfecto, en lo que nos lleva a plenitud. Al vernos realizados de esa forma, sentimos felicidad interior, y ésta se manifiesta en sentimientos de paz, amparo y júbilo festivo.

El proceso de éxtasis comienza con una gran exigencia -la de ser generosos-, nos promete plenitud personal y nos la da al final porque nos lleva a crear relaciones de auténtico encuentro. Las experiencias de éxtasis -de tipo estético, ético, religioso...- promueven en nosotros la capacidad de fundar modos entrañables de unidad con las realidades del entorno, agudizan nuestra sensibilidad para los grandes valores y acrecientan nuestra capacidad creativa, que consiste en responder activamente a la llamada de las realidades valiosas, realidades que ofrecen posibilidades para realizar acciones llenas de sentido.

A la vista está que los procesos de vértigo y éxtasis son polarmente opuestos por su origen, su desarrollo y sus consecuencias. Sin embargo, hoy día se tiende profusamente a confundirlos. Esta confusión es sumamente nociva porque pone a las gentes en grave riesgo de lanzarse a las experiencias de vértigo, que destruyen la personalidad, con la falsa ilusión de que son experiencias de éxtasis, que la construyen.

Ver de cerca, a través de las grandes obras literarias, los estragos que causa en la vida humana la entrega a la seducción del vértigo y las altas cotas de vida humana a que nos elevan las experiencias de éxtasis constituye la base de una auténtica y sólida formación, pues nos prepara para saber prever. Nos permite advertir que el proceso de vértigo se mueve en un nivel de manipulación de objetos o de ámbitos tratados como tales. El proceso de éxtasis se da en un nivel de encuentro con ámbitos o con objetos elevados a condición de ámbitos. Por eso se subrayó con tanto interés en las Unidades primeras la necesidad de distinguir diversos niveles de realidad y diferentes actitudes frente a ellos. Si no sabemos en cada momento en qué nivel de realidad nos estamos moviendo -por ejemplo, cuando manejamos un objeto, o interpretamos una obra musical, o tratamos a una persona- y qué actitud debemos adoptar en cada caso, no tenemos garantía alguna de configurar nuestra personalidad debidamente y vivir una existencia digna.

Al instarnos incesantemente a reflexionar sobre ello, la lectura de obras literarias de calidad contribuye de modo decidido a nuestra formación integral.

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