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viernes, 6 de mayo de 2011

332 - Y me fui por la Bajada Vieja

La novela urbana en Misiones:

"Bajada Vieja de Areu Crespo"



"Y me fui por la bajada vieja
Donde un día conocí el amor
Y cruce por sus calles de tierra
Con el alma llena de ilusión
Pero solo me esperaba el río
Acariciándome el corazón"

Ramón Ayala, floclorista misionero -(Posadeña Linda)

La novela en Misiones
La novela suele aparecer tardíamente en las historias de la literatura. También en la misionera. Generó más bien escaso, ha dado pocos frutos maduros. Podríamos citar entre ellos Aguas Turbias, de Germen de Laferrere (o Germán Dras), de 1943, conjunto de relatos en un ámbito común- el del Paraná y sus orillas argentino-paraguayas a la altura de Teyú Cuaré, el peñón que hiciera famoso Horacio Quiroga, contemporáneo de Dras-a los que el autor subtitula "novela". La determinación ortodoxa de sí es o no una novela podría ser tema de otro estudio. Entretanto, nos atenemos a lo que se ha dicho sobre este género "el más dúctil, flexible y huidizo"; su "extrema complejidad y flexibilidad. (Baquero Goyanes) y su "ambigüedad e impureza. (Octavio Paz). Tan así es, que consideramos vigorosamente novelesca la obra citada.

Del mismo año es El Río Oscuro, de Alfredo Varela, novela de la tierra que encara la temática social de la explotación del mensú y la colonización de ésta región clave del mapa que es el "Alto Paraná", patria de la yerba". Por momentos, su lenguaje es hondamente lírico y, más allá de ciertas notas tendenciosas que tienen que ver con la militancia política de su autor, el planteo alcanza profundidad y vigor. Triunfa siempre la calidad narrativa, el oficio del talerito creador de Varela.

En 1959 se publica Bajada Vieja, de Juan Mariano Areu Crespo, hijo Importante en la novelística local, tanto por sus características de "novela urbana" como por el hecho de ser su autor un hombre de Misiones, de largo arraigo en la capital de la provincia. Recrea el ambiente de una calle tradicional de la ciudad de Posadas, la popular "Bajada Vieja" tema preferido para poetas, músicos y pintores; entre estos últimos se cuenta el propio Areu Crespo que también cultiva el arte del pincel. Hay en sus pinturas el trazo y los colores fuertes necesarios para caracterizar con justeza expresiva los tipos humanos (ciudadanos) de la Balada y los barrios de Posadas. Los mismos que acuñarán su estampa y sus hechos en las páginas de su novela, en la que es tema recurrente el carnaval posadeño.
Por primera vez aparece aquí la ciudad de Posadas, con todo el conglomerado humano que le va dando un rostro, como escenario vital de una obra narrativa de emergadura. Revela como la región imprime su impronta cuando es "territorio vivido. en profundidad de experiencia humana y literaria. que es literatura, pues, sino "un fantasear, un testimoniar centrados en el hombre", en "lo particular de su situación, en la circunstancia del ámbito que habita, de sus condicionamientos culturales y sociales", tal lo señalado con lucidez por el santafecino José Luis Vitori.

El autor de Bajada Vieja
Juan Mariano Areu Crespo nació en Totana, Murcia, España, el 20 de mayo de 1909. A los 18 años llegó a nuestro país y cursó sus estudios de escribanía en la Universidad de Buenos Aires. Apenas graduado, decidió radicarse-en 1932-en Posadas, donde formó su hogar y vivió, en fecunda y variada actividad, durante más de 25 años. Desempeño tareas de secretario judicial en lo criminal, y de ese ámbito de trabajo cotidiano extraerá temas y personajes para sus novelas de trama policial como El nombre en la carátula publicada en 1985 por Ediciones Corregidor de Buenos Aires, ciudad en la que reside actualmente. En sus novelas restantes (El crimen de Pozo, La sota de bastos, Crimen de Olivos), que permanecen inéditas, campea siempre el conocimiento del alma humana adquirido en su actividad jurídica, y no faltan las notas de humor. Escribió asimismo notas periodísticas pintorescas, extraídas de sus recuerdos de la Posadas de los años treinta y cuarenta.
Su vocación por la pintura lo llevó a ejercer la docencia en el Colegio Nacional, la Escuela Normal y la Escuela de Bellas Artes de Posadas, establecimiento este último del que fue director. Realizó exposiciones en la ciudad desde 1937; luego, en salones nacionales de pintura y grabado en los que obtuvo distinciones importantes como por ejemplo el Primer Premio pintura en el Primer Salón de Arte de Misiones (1944) entre otros.
En una nota, ilustrada y a toda página, publicada en E1 Territorio de Posadas, con fecha 2 de Junio de 1945, a propósito de la obra pictórica de Areu Crespo leemos lo siguiente:
Sus paisajes revelan al esteta que goza frente al colorido vivo que le ofrece la naturaleza, y sus figuras muestran, en el equilibrio cromático, un profundo concepto, que les da un alma. En "La Ponchada" y "La Vencedura" se define el pintor que ahonda en los tipos característicos de la región con justa capacitación conceptual. "Autorretrato" fue la obra que en el salón de Arte organizado con motivo de los certámenes de octubre de 1943 en Posadas mereció el Primer premio, y su tela "Carnaval en Posadas" ha sido aceptado por el jurado de selección en el salón recientemente inaugurado en la ciudad de La Plata.
El novelista y el pintor que conviven en Areu Crespo se dan la mano, al irse por la Bajada Vieja, digamos glosando el tema de la tan conocida canción que nos sirve de epígrafe.



Su ámbito
Aún cuando algunas acciones se desarrollan en el interior (la selva, un yerbal, la ruta 12) es Bajada Vieja una novela fundamentalmente urbana, concepto éste importante de destacar, ya que todavía es común suponer que una literatura de provincia debe ser, necesariamente, rural.

E1 ámbito en el que se mueve el protagonista Silvino Cardoso es Posadas, "la ciudad en crecimiento". Se distinguen en ella dos mundos diferentes y hasta opuestos que, sin embargo, interaccionan el uno sobre el otro. Por un lado, la zona céntrica: la plaza -9 de Julio., el "Café de los Japoneses" las calles Bolívar, Colón, Ayacucho. Por el otro, los barrios Villa Urquiza y el Hospital Regional; el Palomar, Aguas Corrientes; el Cementerio y, particularmente, la zona ribereña vecina al puerto.

La Bajada Vieja con sus casitas, boliches y bailantas ejerce una especial atracción sobre los "señoritos" del centro, que la frecuentan. Los barrios, a su vez, invaden el centro con sus comparsas las tardes de carnaval, irrumpen con "sus colores brillantes y violentos". Carnaval colorido y móvil. Trágico también. Exteriorización ritual, ceremonia. Más seria de lo que podría creerse (esa seriedad de los disfrazados que, año tras año, repiten su ritual carnavalesco en los corsos pueblerinos, los hemos visto hasta hace pocos años).
E1 pincel de Areu ahonda en ese "color local":
Era la alegría de los humildades que se lanzaba a la calle en plena siesta del domingo de carnaval. Una alegría que llenaba de tristeza a doña Eugenia, que sabía la vida de miseria e ignorancia que llevaban. 

El capítulo VI es un cuadro acabado, un fresco vivaz, de esas fiestas prácticamente inexistentes en la actualidad que sin en algún lado buscan mantenerse y afloran con mayor o menor fuerza de tanto en tanto es en los barrios y en algunos pueblos. Al presentar al indio-disfraz el más común y corriente en los corsos de antes y de ahora en la región-Areu Crespo pesa de la descripción externa a la motivación profunda, a algo que se remonta a los ancestros, a un sentido casi sacral que le da a ese vestido Silvino Cardoso, un joven pescador de la costa:

Cardoso agregaba a la finura natural que poseía una solemnidad sacerdotal cuando vestía las ropas de indio. En realidad es como todos, no se disfrazaba sino que se vestía Por pocos días la sangre india se diferenciaba en la calle de las sangres invasora y se vestía con un reflejo de magnificencia/... Por eso ninguno se reía ni veía en sí mismo ni en los demás sino el espejo de un resurgimiento imposible.
La Bajada Vieja empinándose bajo el sol o iluminada por Lámparas de kerosén y parejas en las "bailantas"; el cruce del río con el "contrabando hormiga" o los pescadores a pleno sol, el viaje en colectivo, a manija y explosiones, del centro al Hospital; las conversaciones en las mesitas del bar de la plaza entre los "notables" del pueblo grande: sus imágenes literarias con las cuales el escritor va trazando un mundo que también es el nuestro, lo va delineando con un carácter, va proyectando la singularidad de una atmósfera cultural con sus elementos arquetípicos, sus símbolos. La novela aparece como figura de lo real-regional, instauradora de sentido desde donde-en distintos "espesores significantes"-poder dispararse a lo que es patrimonio común de todos los hombres.


Los hombres
Los tipos humanos representados constituyen una galería completa de los estratos sociales y étnicos de nuestra provincia, caracterizada por su hibridez y mestizaje. Rostro plural, por superposiciones a menudo no integradas. Toma el conglomerado de la capital, Posadas, como nuestra.

Están los jóvenes pertenecientes al círculo de la "sociedad ciudadana", de extracción social y posición económica diversas". Así, Alberto Mazzanedo, "hijo de gringo enriquecido en el comercio de la fruta; Heriberto Alava, estudiante de medicina, mujeriego empedernido, muy popular en ambientes de la Bajada; Gualterio García, flaco y nervioso. Usaba gruesos lentes de carey... Presumía de intelectual y había sido estudiante de cosas imprecisas. Dentro de una apariencia un tanto ridícula y torpe había un ser lírico. García es "el poeta del pueblo" y asume, si bien es cierto no con demasiada energía, la defensa de lo autóctono y tradicional popular, frente a la prepotencia de Mario Romero, el estudiante-eterno-de Derecho, perteneciente a una familia acaudalada, gran bebedor. Las charlas de café de los cuatro apuntan a planteos que tienen que ver con cuestiones, de diversa índole, referidas a Misiones y/o a la región. En la que sigue, por ejemplo, Romero niega la memoria del pasado, afirma la inexistencia de una tradición:

-¡ Pero sos loco! ¿Lo tradicional de Misiones esos roñosos que huelen a Bestia?... no tenemos pasado y esta tierra sólo tiene porvenir.
García, viendo el desfile de música y comparsas cuyos estandartes se inclinan ceremoniosamente frente al palco oficial no puede dejar de emocionarse:
- Yo creo que es ésta gente y no nosotros quienes pueden dar una idea de esta tierra, porque esos mestizas sacan su sentido del color, de la selva y de los pájaros de la zona Sur que se den cuenta, son el reflejo de todo lo hermoso y todo lo trágico que tiene Misiones.
En cuanto al aspirante a médico, Alava, así tercia en las opiniones:
Por un lado estoy con Romero cuando dice que no tenemos pasado porque somos todos descendientes de gringos y por otro creo que, desde un punto de vista un tanto literario, García tiene razón La tierra tiene su misterio... 

En el texto quedan sugeridos los siguientes planteos de oposición:
Tradición v Gringos
Pasado v Porvenir
Instinto v Razón
Carnaval v Charlas de Café
Fiesta Popular v Reunión de Intelectuales
Barrios v Centro de la Ciudad

Son planteos que todavía tienen vigencia. Quedan apuritados en la novela como problema de fondo, en abierto contraste con el ambiente de farsa, ruido y borrachera en el que fueron formulados. Los hechos habrán de mostrar la contradicción de este seudo intelectual que es Romero: acaba sus días viviendo en un estado lamentable-a consecuencia del alcohol-en una casucha de la Bajada Vieja.

En la vereda opuesta de la sociedad posadeña están, junto con Cardoso, el famoso organizador de comparsas Ermelindo Soto, "mirando con admiración por todo el barrio de la Laguna"; el mulato Deolindo Contreras, "cabeza pequeña incrustada en un cuello de toro, de nariz chata y ancha y labios gruesos de color violáceo-, mecánico de profesión en su vida corriente, transfigurado en indio en los carnavales, sigue a Cardoso, a quien reconoce como jefe en la puja de las comparsas. Encarnación Ramírez es el paraguayo muerto a traición en la rivalidad por el amor de Olinda; en el se da patente el desarraigo; mira con nostalgia la otra orilla del Paraná evocando su vida anterior en Asunción, de donde tuvo que huir. Es la contraparte de Cardoso el cual, a la inversa, en el final de la novela deberá desarraigarse de la Argentina, y sus últimas palabras de nostalgia a la ciudad que se aleja serán: Yporá Posada (guaraní: ¡Posadas, que linda!).

El gringo Farmeson tras el ambiente misionero de la obra la clásica presencia del extranjero europeo, componente considerable en la polietnía provincial. Ya en la conversación que señalamos y transcribimos precedentemente aparecía como tema de discusión el de los extranjeros rudos que hacen florecer una tierra que recién empezará a nutrirlos y a metérseles por los poros de la sangre; y el lírico García nombra a gallegos, alemanes, polacos, italianos, grupos inmigratorios de la primera hora-fines de siglo pasado y principios del actual-.

Un detalle pintoresco relacionado con problemas en la comunicación lingüística apunta a esa pluralidad, característica de Misiones-Babel: la madre adoptiva de Cardoso doña Eugenia preocupada ante los resultados morales que ha tenido su payé, va a confesarse con un cura viejo y gordo, que apenas la entendía porque era gringo y el castellano de la vieja era para el poco menos que indescifrable. Ella, con la conciencia algo intranquila, piensa que volverá a confesar su pecado en cuanto pueda, acaso con algún cura de Corrientes o del Paraguay que la entienda mejor...

Las mujeres
Mención aparte merecen los personajes femeninos. Dos imágenes arquetípicas básicas se distinguen: la de la mujer objeto sexual principio pasivo pero al mismo tiempo desencadenante de efectos fatales, en Olinda por quien los hombres disputan, se pierden en el alcohol, se matan. Esta dualidad permite acercar su simbolismo al de la ciudad o el barrio (la Bajada Vieja), que es, al mismo tiempo, Infierno y Paraíso. Olinda ocupa por otra parte el papel pasivo de la princesa que debe ser rescatada mediante un sacrificio o diversas pruebas, según se verá mas adelante.
En una lectura más directa está la cuestión social: Nadie tenía la culpa de que Olinda fuera bailante. La historia de su vida, simple y patética, es revelada hacia el final de la novela, cuando en flash back o narración retrospectiva evoca su pasado, al tiempo que escucha la charla otra mujer que espera en el Hospital el desenlace de su drama persona!, víctima sufrida ella también de la violencia encarnada en los hombres. El tema se hilvana con el diálogo externo de las dos mujeres y las reflexiones y recuerdos de Olinda, remontadas a su niñez, al punto de iniciación de sus miserias actuales.
En segundo lugar, está la imagen arquetípica de la mujer-madre, representada por la anciana doña Eugenia, madre adoptiva del protagonista. La visión que de ella tiene el hijo, perdido en la selva y en los delirios de la sed, lo salva. Doña (o Ña) Agustina es la que se constituye en protectora y bonachona celestina de Olinda, Ña Encarnación la "médica" hacedora de payes resume en si la figura inversa la de la "madre terrible", sentido e imagen de la muerte. Encarnan la sabiduría antigua, lo mágico, las voces de la tierra, lo instintivo y mítico. Como la casa y la Bajada Vieja- viejas también ellas-son el refugio para el regreso del hijo (o la hija, en el caso de Olinda, que en la casa de la anciana halla cabida).
Una figura femenina interesante es la de Silvia Farmeson, la gringuita rubia de ojos claros que miran con asombro y largas trenzas. Si por un lado su presencia marca a las claras la diferenciación social imperante, basada fundamentalmente en el color de la piel, por el otro se podría identificar a la muchacha con la Caá-Yarí, deidad que coincide con ella en cuanto a sus atributos físicos y su ambivalencia: significa para el mensú la tentación, con promesas de deleites carnales y también un grave peligro. A semejanza de la "dama blanca" mencionada por Cirlot, en su doble aspecto: benéfico y maléfico (hada y sirena), trae a Cardoso la ensoñación, la fantasía de visiones paradisiacas, confusos anhelos, y, al mismo tiempo, es causa de locuras que estuvo a punto de cometer y que le hubieran significado la muerte.

Estructura de viaje
El conflicto central de la historia narrada es la lucha del héroe-hombre común Silvino Cardoso por encontrar su lugar en el mundo. La estructura de viaje, clásica en la narrativa, reproduce su periplo, con pruebas diversas que tendrá que ir superando. A modo de descenso a los infiernos se da su extravío en el alcohol primero y luego en la selva, cuando huye de Posadas. De esos laberintos emerge purificado. Su viaje significa también un aprendizaje.

En el contacto con la selva descubre cosas y por momentos, ella lo cubre como recinto maternal, un mundo mágico donde es posible encontrarse con seres míticos como el yasi-yateré. el hombrecito de grandes ojos azules y silbido penetrante y armonioso lo salva de morirse de sed, lo conduce hasta el lugar donde saciarla. La visión del duende suele superponer a la de doña Eugenia, enunciará identificación de las fuerzas de la naturaleza con la madre.

En la ciudad, en cambio, podría decirse que el mito se degrada: Cardoso confunde al Lobizón con la sombra de un individuo (Romero) con quien lo traiciona Olinda En la selva convive con otra realidad en la que, por un minuto, se integra:
Cardoso caminaba sintiéndose parte integral de esa vida múltiple y difusa que lo rodeaba.
El primer encuentro de Cardoso y Olinda se produce en una bailanta de la Bajada Vieja, CENTRO generador, al igual que la mujer, de vida y muerte. Previene la violencia, la degradación por el alcohol y la huida. Luego de superar las pruebas, el héroe regresa a su centro del mundo, la Bajada, y ésta en condiciones de "rescatar a la princesa". Olinda lo espera, sumida también en la degradación de su convivencia con Romero.

El medio de purificación será el fuego, que reduce a cenizas su rancho. Allí muere Romero, el antihéroe. Se cumple el payé.
Olinda miró al pasar su rancho calcinado y le pareció que al quemarse su rancho y sus cosas se había quemado también su vida anterior. 

El encuentro definitivo de Olinda y Cardoso ocurre en la Bajada Vieja. Juntos emprenden la huida final: cruzan el Paraná, buscan la otra orilla. Acaso sea la búsqueda de OTRO CENTRO.

Esto es: que la novela acaba con el comienzo de un nuevo viaje. Cabe aventurar la formulación de algunos interrogantes:
¿Cardoso y Olinda van a buscar otro centro? ¿Por que? ¿Indica la desaparición de un modo de vida? ¿La inauguración de un hombre nuevo hecho en la violencia, el dolor, la expiación? ¿O significa un nuevo desarraigo, o a la propia Misiones, tierra de arraigo y desarraigo? ¿O la difícil integración, a diversos niveles, en lo provincial, lo regional, lo latinoamericano? ¿O acaso los protagonistas han internalizado en sí mismos, dentro de ellos, su propio CENTRO de modo tal que no precisan buscarlo externamente. Lo cual no impide que miren con nostalgia la costa posadeña que se va alejando.

El río

Puede hablarse en esta novela de un contexto físico-simbólico.
Selva Laberinto
Bajada Vieja Centro del Mundo

El tercer elemento de ese contexto, y de una particular importancia, es el RIO. La literatura llamada regional es una suma de lugares entrañables, digamos con Vittori. Y el lugar más entrañable en nuestra región de la Mesopotámia y el Litoral es, sin lugar a dudas, el río. Recordemos los títulos de las tres novelas que consideramos significativas en la literatura de Misiones: Aguas turbias, de Laferrere y El río oscuro, de Varela.

En Bajada Vieja, es el nombre de una calle de Posadas, que desemboca en el puerto. En los tres casos se trata del Paraná, que parecería tener un mayor "prestigio" literario, especialmente en lo que tiene que ver con la explotación del mensú, que hizo tristemente famosa la franja de tierra y agua, "gigantesco paralelogramo de cinco mil leguas que es la patria de la yerba mate", según la definición que da Alfredo Varela del Alto Paraná.
En las tres novelas el río actúa como elemento nucleador de la región más que de frontera separadora de países; algo para ser tenido en cuenta a la hora de la consideración del arte y de la vida en general de estas zonas fronterizas y de contacto. Las tres naciones tienen vínculos comunes muy fuertes, contextos culturales que las acercan más que el que pudieran tener, en algunos aspectos, con otros centros longidistantes del propio país.

Así lo reconoce Cardoso, acaso para proporcionarse un consuelo ante su destierro futuro:
-"E" el mismo río. "E" seguro que al otro lado andaré de pescado...
Através de toda la obra que comentamos se presenta recurrentemente la imagen del río, ya sea en la realidad inmediata y actual de los personajes o en la evocación de Silvino Cardoso. El es hombre de río, por lo que, en su vida, estará siempre asociada la mención al Paraná con la infancia, lo luminoso, la ternura, la libertad. Es el Paraíso Perdido:
se vio cuando era feliz sin ningún temor que lo turbara tirado de espaldas en su canoa... Y los amaneceres en el río...
Cuando va huyendo, ve las ondulaciones del terreno desde el colectivo y eso lo lleva a pensar en el río, en su felicidad perdida formada de agua, de sol, de aire.
En la selva, a punto de morir de sed semidesvencido, sueña: que estaba en el río bañándose y viendo cabrillear el sol sobre el agua barrosa.
La madre, a su vez, cuando imagina una existencia feliz para su hijo lo piensa libre y en el río, alegre y trabajador como era antes,
La salvación final, para concluir, les sobrevendrá con el cruce del río.
Pero el río también es símbolo del transcurrir de la vida y del olvido; de la muerte, pero también de la duración (el río que durando se destruye, en el decir de Pablo Neruda).
La repetición de las imágenes del río a través de todo el texto se da como leit motiv de una sinfonía: como señala Baquero Goyanes: un breve pero muy nítido tema en una larga sinfonía, una de esas delicadas frases que, al aparecer a intervalos fácilmente reconocibles adentran en la intimidad de la obra del oyente. La recurrencia no es de una frase (como se da, por ejemplo, en La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes) sino de imágenes del río que se presentan, por otra parte, como los momentos más líricos de la narración.

El lenguaje
Uno de los logros de Bajada Vieja es el manejo fluido por parte de su autor del lenguaje regional. Hay una perfecta captación de lo lingüístico, del habla fronteriza, particularmente la de la gente del pueblo. En la escritura reproduce las peculiaridades fónicas corrientes en la zona, como por ejemplo la supresión de las eses finales de palabras en lo sintáctico, la mezcla del tú y el usted modalidad usual aún en la actualidad en niveles de baja escolaridad, y la no adecuación de los géneros gramaticales, por influjo de la lengua autóctona, que carece de ellos.

Lengua bellamente metaforizada por Areu Crespo en la siguiente frase:
Tan pronto hablaban en castellano, como en la suelta bandada de pájaros que es el guaraní.
Leemos algunas expresiones completas en guaraní, con la traducción al pie de página: en todo campea la naturalidad, sin pintoresquismos abundosos o fuera de lugar.
En el diálogo, logra reflejar una característica del lugareño: pocas palabras, alusión a hechos mínimos y circunstanciales del momento para establecer un lazo de comunicación profunda y grandes silencios. La reserva, el mutismo, son ancestral herencia del aborigen.

Transcribimos un espléndido diálogo-silencio entre Cardoso y su madre, a la llegada de aquel a la casita que ambos comparten en la Bajada Vieja, a guisa de ejemplo:
- Güeñas, doñugenia
- Güeñas -carraspó la vieja que se afanaba por avivar el fuego miserable

Después, un largo silencio. Ambos pertenecían una raza reconcentrada que amaba y odiaba intensamente, sin que su exterior denunciara emoción alguna. No tenían por qué decir nada; la presencia era suficiente para extender entre ellos un lazo de ingenuo y vital afecto.

El viento suave derramó sobre sus cabezas el perfume denso del azahar y ambos se dejaron estar con pereza.
La vieja habló de pronto:
¿Y, cuándo tendrá lista la canova?
Pa mañana. Si no me macaneó Udoro.
Varios pájaros contaron sobre la copa del enorme paraíso den rancho vecino y un murciélago pasó dando bandazos sobre sus cabezas, haciendo musitar a la vieja:
-¡ Bicho sinvergüenza!

Creemos que Bajada Vieja es un hito fundamental en la literatura novelística, pilar fúndante del género, de Misiones y un valioso aporte a la literatura nacional. que es, en efecto, ésta última, sino la suma de las mejores obras de las literaturas llamadas "regionales"; la región, a su vez, es un vínculo con América Latina.

La novela de Areu Crespo aporta particularmente en la temática urbana, con la novedad de abandonar el criollismo o ruralismo y la temática de la explotación del trabajador de los yerbales y los obrajes. Se trata de un tema urbano de ciudad pequeña, de capital del interior del país que va creciendo e incorporando elementos de "civilización" a su vida cotidiana, muy diferente por cierto de lo urbano capitalino (de la Capital Federal).
Para los misioneros, además, (y permítaseme aquí una digresión localista) tiene el motivo casi folklórico, mítico, de la Bajada Vieja rincón amado por los posadeños. La reedición de la novela en éste año ( 1987) a punto de salir de imprenta, permitirá el acceso a elle de lectores misioneros en primer termino. Y será posible establecer conexión de áreas (musical, pictórica, histórica y aún geográfica), particularmente en trabajos con los estudiantes, para presentar los fenómenos del arte y la cultura como un todo integrado, al alcance de todos y con la posibilidad de ahondar-con su función mediadora-en nosotros mismos, en nuestra realidad compleja de la que el lenguaje y la literatura no son sino una expresión parcial e incompleta. Una aproximación a ese mundo multivalente y cambiante, que siempre propone nuevos modos de presencia al artista.
Creemos, por último, que Juan Mariano Areu Crespo, actualmente radicado en Buenos Aires pero ligado a Posadas por sus periódicos viajes y los muchos amigos que ha dejado, hizo lo suyo para cumplir con el antiguo mandato de la sabiduría que aconsejaba pintar la propia aldea para ser universal. El lo ha hecho doblemente: con pinceles y colores y con la pintura indeleble y dinámica de las palabras.


(Análisis de la prestigiosa docente y escritora Olga Zamboni)

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